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Patios de Córdoba, San Basilio 44

Patios de Córdoba, San Basilio 44

Patios de Córdoba, recuerdos del pasado

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Patios de Córdoba, lugares con mucha história

Patios de Córdoba, lugares con mucha história

Patios de Córdoba, un destino para pasear agusto

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Patios de Córdoba, laberintos de luz y color

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Patios de Córdoba, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

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La casa cordobesa

En nada se parecía la antigua casa de Córdoba a la moderna; aquella tenía un sello característica, esta es igual a la de todas la poblaciones.

La antigua casa ocupaba una gran extensión de terreno; no era reducida como las actuales y sólo constaba de dos pisos y sobre el segundo una alegre azotea o torre coronada por la indispensable veleta con un San Rafael pintado y recortado en una chapa de hierro.

El portal amplio, como todas las dependencias, hallábase proviso a los lados de poyos de mampostería para servir de asientos y en el techo jamás faltaba la mirilla para poder ver, desde el piso alto, a las personas que llamaban al recio portón, pintado de azul o de color de caoba.

El patio, cono hones de jardín y huerto, semejaba un trozo de nuestra incomparable Sierra, trasladado a la población.

Tenía el pavimento de menudas piedras, formando artísticas labores; las paredes cubiertas por los bien enjardinados naranjos, el hamin, el rosal de pasión o el aromo; los arriates llenos de dompedros, alelíes, copetes, llagas de Cristo, espuelas, albahaca y otras muchas plantas y flores que ya pasaron de moda, sin que faltaran las hierbas medicinales como la manzanilla, las malvas y la uña de león para cicatrizar las heridas.

A sala del estrado destinábase la habitación más regular y espaciosa, que tuviese balcones o ventanas a la calle.

No estaba estucado ni pintada, sino blanqueada como todas las demás; lucía en su calros promisosas cortinas de encaje pendientes de galerías con adornos de latón; no había en ella ricas alfombras, sino una humilde estera de pleita de colores; una sillería de caoba tallada y forrada de damasco; en el frente principal una mesa de las llamadas de figura y sobre ella un espejo de gran tamaño con artístico marco dorado; en los muros cornucopias y cuadros con lienzos antiguos y en el techo una lámpara de bronce con quinqué de petróleo.

Patio cordobes 1832

Esta habitación permanecía cerrada casi siempre; solo se abría para recibir a las visitas de mucho cumplido o en las solemnidades extraordinarias.

Las cocinas, principalmente la del piso bajo, semejábanse a las de los cortijos, por sus excepcionales dimensiones y por la chimenea de descomunal campana.

En las tablas, sujetas en los muros con unos soportes brillaban como el sol los braseros y peroles de azófar, los vellones de Lucena, los almarices y otros efectos de distintos metales, que hoy, los aficionados a antigüedades, pagan casi a precio de oro.

En ninguna de estas casas faltaba tampoco la despensa, bien repleta de orzas y tinajas, ni el corral con su apartado para los gallinas.

Todos los muebles, todos los enseres, aunque se tratase de familias ricas, eran modestos. Camas de madera sin lujo de adornos, pero con gran número de colchones de lana; un par de sillones de baqueta para los ancianos; toscas sillas de enea para los demás; numerosas mesitas llenas de urnas y fanales con imágenes de Cristos, vírgenes y santos, casi envueltas entre flores artificiales; la mesa estufa con sus vestiduras de bayeta verde y viejos arcones contenido las alhajas incomparables de la platería cordobesa, los vestidos de seda, las colchas de damasco, que sólo salían de su encierro el Jueves Santo o con motivo de una visita regia.

En la galería principal se destacaba el chinero, que encerraba la vajilla de lujo, una vajilla decorada con polícromas figuras y tiliteada de oro, que hoy constituye el sueño dorado de los anticuarios.

Modestos y sencillo como estas viviendas eran los hábitos y costumbres de sus moradores.

La servidumbre, aún de las personas de mayor duración, reducíase a una criada que, ordinariamente, pasaba toda su vida con unos mismos amos, llegando casi a constituir parte de su familia.

El que figuraba como cabeza de esta iba diariamente al mercado, para hacer la despensa, provisto de su canasto, oculto debajo de la capa, de la que no prescindía ni aún en verano, con el objeto de que nadie curioseara la compra.

Por esta costumbre, exclusiva de nuestra capital, la gente de buen humor denominaba a los cordobeses caballeros de capa y canasto.

Como entonces aún no se habían importado las costumbres francesa, hacíanse tres comidas, todas ellas compuestas de pocos platos, poco nutritivos y abundantes. A las nueve de la mañana el almuerzo; a las dos de la tarde la comida, consistente en la sopa, el cocido y la ensalada y a las nueve de la noche una cena frugal.

Los días festivos aumentábase a la comida un plato, generalmente un estofado de carne, y apruébase una botella de vino de Montilla.

Las comidas extraordinarias se reservaban para los días de los jefes de la familia, para el de Nochebuena y para aquel en que se terminaba la matanza.

Cuando esta operación concluía, todos los parientes se congregaban en la cocina de campo y allí eran obsequiados con un almuerzo que a sus organizadores les parecía superior a los festines de Lúculo.

En todas estas casas celebrábanse también, de distintos modos, los acontecimientos que la Iglesia conmemora: la Natividad del Hijo de Dios con la instalación de los pintorescos nacimientos, encanto de la infancia; la Semana Santa con la colocación de preciosos altares llenos de luces y flores; en análoga forma la Invención de la Santa Cruz e iluminando los balcones con faroles de cristales multicolores alimentados por candilejas de aceite las festividades de San Rafael, San José y la Inmaculada Concepción.

Notábase una extremada limpieza; la operación de hacer sábado se repetía semanalmente con extraordinaria minuciosidad. Antes de que la familia se instalara en el piso bajo al llegar el estío y en el alto a la entrada del invierno, habitaciones, patios y corrales eran blanqueados con purísima cal de Cabra, desinfectante mejor que muchos de los usados en la actualidad y la fachada también blanqueábase en los días próximos a la Semana Santa o a la festividad de Corpus Christi.

Las mujeres, aún las de mayores capitales, jamás permanecían ociosas; cuando no se dedicaban a bordar o confeccionar otros primores, hilaban, hacían calceta o cuidaban los gusanos de seda, indispensables en todas las casas de Córdoba.

Teatros y cafés estaban, por regla general, desiertos. La gente sólo acostumbraban a salir para pasear, los domingos, siempre a pie y sin hacer alardes de lujo.

Las señoras, se tocaban la mantilla de seda y en invierno, aún las más aristocráticas, utilizaban, para abrigarse, el mantón de alfombra.

En la estación del frío algunas familias iban a los jardines altos, la mayoría a los alrededores de la Sierra y, en verano, la alta aristocracia se congregaba en el paseo de San Martín, y las demás clases sociales en la Ribera, lugares donde sólo permanecían hasta las diez o las once de la noche.

Los demás días, terminadas las ocupaciones de cada miembro de familia, todos se reunían en su casa; en los meses de frío pasaban las primeras horas de la noche alrededor de la estufa, las mujeres dedicadas a sus labores, los jóvenes a sus estudios, el padre leyendo una obra recreativa; en la época del calor reunidos todos en el patio, en amena charla, hasta que los relojes indicaban las once, momento en el cual todos, como movidos por un resorte, se levantaban y dirigíanse a sus habitaciones en busca del descanso.

Tales eran las antiguas casas y las viejas costumbres del pueblo de Córdoba; en estas casas rara vez entraba el espectro de la tuberculosis y estas costumbres proporcionaban una vida patriarcal a nuestros abuelos, de la que ni disfrutamos hoy ni disfrutarás las generaciones futuras.

Ricardo de Montis. Córdoba. 1989

Patios Religiosos


El Patio de los Naranjos   

Patio de la Mezquita CatedralEl origen de este patio hace siglos que dejó señalada su adscripción a templo o recinto religioso. En primer lugar, porque su despejado suelo sirvió de antesala a la remota basílica visigoda de San Vicente; más tarde, a causa de erigirse en cerrado espacio destinado a las abluciones de la Mezquita Aljama construida por Abd al-Rahmán I, y finalmente, al ser reconquistada Córdoba y conquistado el templo musulmán por Fernando III el Santo, para bendecirlo y convertirlo en Santa Iglesia Catedral bajo el nombre de Santa María de la Asunción

Ermita de la Alegría

El templo, que se remonta al siglo XV, sufrió el desplome de un tabique en 1640, y tras él se descubrió pintada en la pared una imagen de la Virgen María con la figuración de una vela encendida en la mano. La alegría que produjo el hallazgo fue la determinante de su advocación. El patio de la ermita está planteado de forma cuadrangular, y mediante una armoniosa teoría de arcos de medio punto posee tres pórticos que ocupan otros tantos lados del sugerente recinto.

Patio Iglesia San HipólitoEl Patio de San Hipólito

Este recinto contiene una pieza histórico-artística de singular importancia: se trata del arco solio destinado a contener los despojos fúnebres del cronista Ambrosio de Morales. Tal monumento, en mármoles rojos y negros, fue mandado construir por el eminente discípulo del insigne historiador cordobés, el cardenal arzobispo de

Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas, y estuvo instalado en la iglesia del convento de los Santos Mártires de Córdoba; pero al ser demolidos cenobio y templo fue trasladado a este atrio de San Hipólito en 1844.

Patio del Santuario de la Fuensanta

Patio del Santuario de la FuensantaLa plaza del Santuario está dedicada al de Nuestra Señora de la Fuensanta, patrona de Córdoba. Se trata de un edificio de noble fachada de considerable carga histórica. El patio del santuario de la Fuensanta –feliz conjunción de grandeza y belleza– tiene dos accesos: el principal se  encuentra al lado y en la misma línea de la fachada eclesial; y el otro conecta, por detrás de las instalaciones parroquiales, con el antiguo Camino de la Barca, hoy perfectamente urbanizado. El recinto del patio es rectangular y se desarrolla en varios planos, cuyos desniveles son salvados mediante diversos tipos de escalones.

Patio SinagogaPatio de la Sinagoga   

Este templo judío de origen medieval, pues que su construcción fue realizada en 1315, está enclavado en la estrecha calle de los Judíos, muy cerca de la placita donde está erigido el monumento a Maimónides. Es aquélla una de las vías urbanas más emblemáticas de Córdoba. El patio es pequeño, íntimo y de forma irregular en cuanto a estructura, pero su feliz situación y la armoniosa serie de plantas y flores que lo exornan contribuyen a la sensación de sentimiento de su trascendental antigüedad a través de la serenidad que proporciona al alma su habitual silencio y el misterio dimanado de la inmediata fachada de la Sinagoga, prestigiada por el paso de los siglos

Patios Monumentales


Patio PalacioLa abrumadora colección de patios que posee Córdoba conduce inevitablemente a formar una determinada y generosa sección, donde tienen cabida aquéllos que llamamos patios monumentales. Que también podrían lucir un subepígrafe de señoriales en la mayoría de los casos.

Este apartado no los excluye necesariamente de su marcado sello popular: los patios se monumentalizan por diversas razones, y acaso no sea la más principal la de pertenecer o estar relacionados con un monumento. Puede ser también por mostrar características de obra pública o constituirse de utilidad para el desarrollo de la Historia. Porque también adquieren categoría de monumentales cuando son la viva memoria de una determinada acción social o están integrados en una construcción que posee valor artístico, histórico o arqueológico.

Como denominador común quizás pueda decirse justamente que así como en los patios populares la flor establece su dominio sobre la arquitectura, en los monumentales prevalece la superioridad de la arquitectura sobre la flor.

Así pues, me permito realizar un bosquejo, clasificándolos en patios pertenecientes a templos y recintos religiosos; correspondientes a conventos actuales; integrados en edificios que fueron fundaciones conventuales y que hoy están destinados a otros usos; concernientes a antiguos hospitales, y componentes de palacios y mansiones nobiliarias y señoriales.

Patios Conventuales


Patio ConventoEdificios que fueron fundaciones conventuales y que hoy están destinados a otros usos; concernientes a antiguos hospitales, y componentes de palacios y mansiones nobiliarias y señoriales.

Compás de la Encarnación

El monasterio de monjas de la Encarnación, situado en la esquina que hace la calle de su mismo nombre con la larga vía ascendente de Rey Heredia, es de las fundaciones más antiguas de Córdoba, se remonta a 1503, y se realizó mediante el legado testamentario del chantre Antonio Ruiz Morales, con carácter de beaterio.

Compás de Santa Isabel
    
Uno de los compases más encantadores de Córdoba es éste del convento de clarisas de Santa Isabel de los Ángeles, cuya fundación se remonta a 1492 y que posteriormente fue patronazgo de los Marqueses de Villaseca.

Compás de las Capuchinas

Al compás del convento se accede desde la calle por una sencilla puerta adintelada. Nos hallaremos en un recoleto recinto de planta trapezoidal, suelo enchinado, repartido por dibujo mediante líneas descendentes al centro. En varios alcorques se acomodan naranjos y celindas, y alrededor varios macetones, entre los que destacan los destinados a pequeñas palmeras.

Compás de Santa Marta


El convento de monjas de Santa Marta, cuya fundación se remonta al año 1461, está situado en un marco de estrechas callejas, que son tan características de la Córdoba recóndita. Sigue las reglas de la orden jerónima.

Compás de la Santa Cruz

El convento de la Santa Cruz, sede de monjas clarisas, fue fundado en la lejana fecha de 1464 Está situado en la calle Agustín Moreno (antigua del Sol), de cuyo principio toma posesión mediante una ampulosa esquina, y tiene su principal acceso –coincidente con el de su compás– a través de una modesta portada, cuyo protagonismo lo toma un arco de medio punto con la clave en resalte, al que dan guarda en los flancos columnas con fustes de estrías y enjutas que nos muestran escudos de la orden. El conjunto de este compás nos conduce inexorablemente a pensar en que es una viva representación de los patios populares cordobeses.

Otros Patios Conventuales

El antiguo convento de Jesús Crucificado fue erigido en 1497, con destino a hospital, actualidad el Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparado.

El Real Convento de San Pablo fue fundado por los dominicos en 1237. El compás o patio de acceso posee una escalera descendente encajada entre costados de piedra y barandas de hierro, y nos muestra la hermosa portada de la iglesia culminada por un bellísimo rosetón.

En 1608 comenzó la construcción del convento de Santa Ana, emblemático edificio destinado a comunidad de Madres Carmelitas, cuyas obras fueron de tal lentitud que no terminaron hasta siglo y medio más tarde. Pero el resultado fue excelente.

Patios Populares


Patio Típico CordobésMuchas grandes casas pertenecientes a la aristocracia local quedan desocupadas cuando sus habitantes se trasladan a la Corte. Algunas pasan a ser ocupadas como viviendas de alquiler.

También las viviendas medianas se subdividen como casas de vecinos, construyéndose en ellas nuevas escaleras para acceso a partes altas o cegándose huecos y galerías para convertirlas en habitaciones,  o  para ser ocupadas por varias familias. El origen es la necesidad de vivienda que se crea con la emigración masiva de los pueblos y del campo a la ciudad. Es tal la necesidad de vivienda barata que se propicia la construcción de un tipo de edificio parecido a las antiguas posadas, que es el llamado casa o patio de vecinos, corral o casa de muchos, donde se alojan por habitaciones muchas familias.

Este tipo de vivienda suele tener un patio central alargado de so común donde se sitúan los lavaderos, cocinas y aseos generales. Sus ocupantes, precedentes del medio rural, ajardinan estos espacios comunes con macetas particulares que cada vecina cuida y exhibe, consiguiendo con ello suavizar el carácter de acuartelamiento de este tipo de patio.

La vida en un patio de vecinos se movía en unos parámetros ideológicos, sociales y económicos que la diferenciaban notablemente del transcurrir diario en otros espacios arquitectónicos.

En estas viviendas nos encontramos con los llamados "espacios privados" habitaciones o salas, reservados a la vida íntima de la familia. Por otra parte no encontramos los "espacios comunes" y de "uso compartido" patio, lavadero, pozo, galerías, etc. que son utilizados como una extensión de las viviendas, creando importantes espacios de sociabilidad, donde se daba lo que hemos denominado "comunidad de servicios".

También podemos encontrar los "espacios semicomunales" como serían las parcelas del patio que se encontraban enfrente de las viviendas. Estos espacios se utilizan no sólo para sentarse y charlar, sino también para colocar los muebles que no caben en las habitaciones que ocupan.


El patio es un elemento irrenunciable de la calidad de vida que allí se posee. La vida en una casa de vecinos tiene un carácter introvertido, se hace hacia el interior, evitando en lo posible los contagios y contactos con el exterior. La casa no mira hacia la calle, se mira hacia sí misma, a su patio.

Por ello, el patio de la casa de vecindad se transformaba en una gran sala de estar, donde la vida de la familia tenía una gran transparencia, convirtiéndose así estas viviendas de Córdoba en grandes familias que pertenecían a la casa antes que al barrio, pertenecían al corral de Bataneros, a la casa de las Campanas, a la de los Muchos, a la de Paso de la Lagunilla..., dándose una curiosa división entre "ellos", es decir los de fuera y "nosotros" los de dentro.

El patio, era el núcleo central que aglutinaba todas las piezas, recibía la mayoría de los servicios comunes y se convertía en el espacio de la vida comunitaria, centralizando la comunicación interna, ya que organizaba el conjunto de todas las dependencias.

Todos los aspectos positivos y valores que encontramos en los patios, como la solidaridad, la tolerancia, la ayuda mutua, el compartir los sufrimientos...., no son asumidos ya por la última generación que nació en los patios, y que desea salir de allí para vivir una vida moderna más individualista marcada por el confort y lo nuevos medios. Se acentúa así  el conflicto generacional, con dos discursos divergentes y enfrentados entre sí: una vida comunitaria donde se pone el énfasis en lo solidario frente a una vida más atomizada, individualista y autónoma, donde se pone el acento en una teórica independencia.

La organización de la vida alrededor de las faenas domésticas se hacía más lenta, más laboriosa, pues la falta de comodidades obligaba a una superación diaria. El aseo personal era laborioso, limpiar el patio y regar las macetas se consideraban tareas pesadas. En el patio cualquier actuación se veía cargada por la pesadez de lo incómodo, de la pobreza.

La vida diaria transcurría de manera similar en casi todos los patios, observándose a lo largo de la jornada sucesivos cuadros que se desarrollaban en las distintas dependencias de las casas, en los que el principal papel lo desempeñaba la mujer.

De invierno a verano estas casa experimentaban una mutación significativa, durante los meses de frío, la actividad de la familia se centraba más en el interior de sus habitaciones. A medida que sube la temperatura el ritmo de las familias pasa a localizarse durante el día en el patio; ya que este se convierte en un elemento de regulación de climática, debido a su contenido de vegetación y la natural respiración del suelo regado crean un ambiente húmedo que favorece las corrientes de aire, constituyendo un útil sistema de mitigar los rigores térmicos del verano cordobés.

Llegaba el momento de sentarse en el patio al frescor de las plantas y el suelo regado. Poco antes de Semana Santa se encalaba el patio y se arreglaban las flores.

Las posibles tensiones entre los vecinos surgían,   casi siempre, por el volumen de la radio, así como por los juegos y peleas entre los niños, que ocasionalmente rompían alguna maceta. En otros tiempos era coger la vez en los lavaderos y cocinas. Sin embargo, en los patios siempre había, un espíritu común para lo bueno y lo malo.

En estas casas se daba una relación peculiar que, de alguna forma, implicaba tanto obligaciones como derechos para cada uno de los convecinos del patio en mutua reciprocidad, era una relación casi familiar. Las relaciones estaban especialmente intensificadas, no solo en el aspecto social, al compartir numerosas celebraciones familiares, sino también al intervenir en múltiples cuestiones de carácter material. Todos ellos participaban en un sentimiento de solidaridad, que era uno de los valores fundamentales de vida en vecindad.

En estas casas de vecinos se celebraban todos y cada uno de los acontecimientos y rituales de paso en el ciclo de la vida, tales como bautizos, otorgos y casamientos.

Cuando llegaba Semana Santa era la fiesta de los Júas, muñecos o peleles que se colgaban en las ventanas o balcones, rivalizando los vecinos con los de otras casas del barrio. El Jueves Santo era normal que los moradores de estas casas instalaran altares, que solían cubrirse con telas negras y rojas, sobre las colocaban diversas imágenes, jarrones, flores, lirios del patio y, sobre todo, multitud de velas, destacando siempre en el centro la imagen de algún crucifijo. Entre las celebraciones que acogían los patios no faltaba la Cruz de Mayo.

En 1933 el Ayuntamiento creó el concurso de patios, evento al que el alcalde Antonio Cruz Conde dio un nuevo impulso a partir de 1956.

Es curioso que sean las clases populares, personas de edad en su mayoría, las que mantienen las casas-patio de Córdoba.

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